Balenciaga entra en una nueva era, y se siente humana de nuevo. En su primera campaña para la casa, Pierpaolo Piccioli intercambia la provocación por la intimidad, creando una visión emotiva, realista y discretamente poderosa.
Fotografiada por David Sims en el histórico Hôtel Pozzo di Borgo, la campaña captura la luz como lo haría un pintor: cálida, imperfecta, viva. Las modelos Mona Tougaard y Sandra Murray encarnan a la nueva mujer Balenciaga: fuerte pero apacible, segura de sí misma sin necesidad de gritar.


Siluetas fluidas se despliegan sobre camas iluminadas por el sol, su estructura suavizada por la naturalidad. Este equilibrio entre precisión arquitectónica y calidez humana es donde Piccioli prospera. El resultado no es solo moda, sino sentimiento: una conversación entre fuerza y sensibilidad.
Los bolsos Rodeo y Le City, iconos de la casa, anclan la imagen como símbolos de continuidad. Ambos se reinventan no como accesorios, sino como extensiones de la propia mujer: portadores de memoria, transición y gracia moderna.
El Balenciaga de Piccioli no busca borrar el pasado; lo replantea. Lo que emerge es un retrato de la feminidad despojado de performance, donde la emoción reemplaza al espectáculo y la belleza surge de la verdad, no de la tensión.








