Con más de diez años de carrera a sus espaldas, Taylor Swift está disfrutando de uno de sus mejores momentos. Solo en estos útimos dos años, la artista nos ha regalado grandes obras como Folklore y Evermore, y se ha embarcado en un largo y duro proceso para volver a grabar toda su discografía desde cero.
Tras el lanzamiento de la nueva versión de Fearless, le ha llegado el turno a Red (Taylor’s Version), una oda al desamor que los fans estaban ansiosos por volver a escuchar. Y es que esta nueva versión de Red no solo ha visto una mejora en cuanto a la calidad de sonido y el potencial vocal de la cantante, sino que también viene cargada de muchas novedades.
Entre ellas, encontramos nueve canciones inéditas que la cantante había guardado en un baúl y que ahora desempolva para ofrecérselas a sus fieles seguidores, los Swifties. Una de esas canciones, además, se ha convertido en la gran estrella de la reedición: la versión de 10 minutos de All Too Well, que ha sido recibida con los brazos abiertos a pesar de su extensa duración.
Obsesionada con dar pistas a sus fans antes de cada lanzamiento, Taylor llevaba tiempo dejándonos miguitas de pan para ayudarnos a prepararnos para lo que estaba por llegar. Incluso ha llegado a iluminar la parte superior del Empire State Building con luces rojas en honor al título del álbum, que se inspira en las emociones que sintió durante su ruptura y que asoció a diferentes colores.
Pero, ¿por qué tiene que regrabar Taylor Swift sus álbumes?
Como con todos los artistas, las canciones de Taylor Swift cuentan con dos tipos de copyright: el de la grabación maestra y el de la composición. El primero es el asociado a la grabación final que se suele incluir en los álbumes, mientras que el segundo hace referencia a la melodía, estructura y todo lo que tiene que ver con la escritura de esa canción.
Cuando firmó su contrató, Taylor aceptó que el copyright de la grabación maestra perteneciese a su discográfica, algo bastante habitual en el mundo de la música, y ella se quedó con los derechos de la composición. En 2019, cuando Big Machine Records fue adquirida por Scooter Braun, éste pasó a ser el propietario de todo el material discográfico de Taylor hasta la época y se negó a vender los derechos de toda esa música a su legítima propietaria.
La cantante se topó contra un muro inquebrantable, por eso decidió volver a grabar todas sus canciones y etiquetarlas con ‘Taylor’s Version’, ya que es propietaria de la composición y legalmente puede crear nuevas copias. De esta forma, y gracias a que los fans están dejando de escuchar las versiones antiguas, Taylor está recuperando, poco a poco, el control sobre su música.
El álbum completo ya está disponible tanto en físico como en todas las plataformas en streaming, así que ahora solo queda darle al play y disfrutar de esta inigualable versión de Taylor.











