Alessandro Michele extiende esta idea a la ropa. Cada temporada, las prendas pasan de los bocetos de diseño a la pasarela y, posteriormente, a los armarios de diferentes personas. Algunas aparecen brevemente en los desfiles, otras permanecen en las fotografías y algunas, incluso coleccionadas, nunca llegan a usarse. Para él, el valor de la ropa reside no solo en el hecho de usarla, sino también en cómo evoca la observación, la memoria y la imaginación, permitiendo apreciar las diferentes maneras en que el cuerpo interactúa con la ropa. Al igual que los libros sin leer en una estantería, la ropa que nunca se usa también encierra una vida por descubrir.


Por lo tanto, el desfile de Valentino de esta temporada fue concebido como una "antibiblioteca" visual: la ropa no tiene por qué medirse únicamente por su practicidad, ni tiene por qué clasificarse en un estilo fijo; incluso si no se usa realmente, la ropa puede ampliar nuestra imaginación a la hora de vestir a través de su silueta, color y material.
El desfile tuvo lugar en la Biblioteca Sainte-Geneviève de París. En lugar de construir un escenario elaborado, Alessandro Michele utilizó estanterías, mesas largas y lámparas de lectura para crear la pasarela, permitiendo que la ropa ocupara un lugar central en un espacio de lectura con gran carga histórica. Los invitados también pudieron traer un libro, ya fuera una novedad o de su colección personal; los libros recolectados serán donados a bibliotecas públicas de París y otras ciudades a través de Bibliotecas Sin Fronteras y Fauvettes City Club. Esta iniciativa extiende el concepto de "antibiblioteca" más allá de la moda, abarcando la lectura y el intercambio de libros.




Alessandro Michele, quien disfruta contando historias a través del color y los estampados, vuelve a utilizar colores intensos y vibrantes para crear toda la colección de esta temporada. Tonos brillantes como el magenta, el melocotón, el carmesí, el naranja y el verde hierba se entremezclan, mientras que colores suaves como el verde claro y el rosa violáceo se intercalan por toda la colección; el gris y el negro aportan un equilibrio sereno al conjunto, evitando que los colores resulten demasiado intensos. La alternancia de colores brillantes y suaves, claros y profundos, permite que la colección conserve el dramatismo característico del estilo de Alessandro Michele, a la vez que presenta una mayor riqueza visual.




Los estampados también aparecen sin reglas: por ejemplo, una camisa a cuadros combinada con una bufanda de cachemir y un bolso floral, donde estampados originalmente distintos se superponen en el mismo conjunto; en cuanto a los materiales, el satén, el encaje floral, los pliegues y las telas plisadas se repiten, con tejidos lisos y encajes delicados que se complementan entre sí, y pliegues tridimensionales que dan a la ropa contornos ondulados. La superposición de diferentes texturas hace que el conjunto esté lleno de detalles incluso sin una sastrería compleja.



Alessandro Michele siempre ha sabido llevar los elementos de glamour al límite, y esta temporada continúa con este enfoque maximalista. Borlas, plumas, lentejuelas, cuentas y grandes lazos se distribuyen por diversos looks. Las plumas se extienden a lo largo de cuellos, puños y dobladillos, mientras que las borlas se mecen con los pasos de las modelos, aportando dinamismo a las prendas. Volantes voluminosos y pliegues tridimensionales amplifican aún más las siluetas de los vestidos, otorgando a algunos looks un efecto teatral, casi como si fueran vestuario de escenario. Estos adornos no se limitan a la ropa de noche; también se yuxtaponen con camisas, trajes y prendas de uso diario, asegurando que el glamour ya no se confine a las ocasiones especiales.



El corsé es otro elemento clave de la colección de esta temporada. La primera serie de corsés de satén, con sus elegantes escotes corazón, acentúa los hombros, el cuello y el pecho, mientras que la cintura ajustada realza las curvas de la figura femenina. Estos corsés estructurados se combinan con faldas lápiz de encaje, faldas plisadas y faldas con detalles decorativos, transmitiendo feminidad y fuerza a la vez, y mostrando una imagen femenina romántica e individualista.



Alessandro Michele no limitó el vestuario de Valentino para la primavera/verano a corsés y vestidos de noche. Prendas cotidianas como vaqueros, camisas de cuadros y cárdigans también tuvieron cabida esta temporada, apareciendo junto a elementos glamurosos como encajes, lentejuelas y plumas. Por ejemplo, una camisa de cuadros se combinó con un top de encaje y una falda de lentejuelas, mientras que una falda larga de plumas apareció junto a una gorra de béisbol. Prendas originalmente destinadas a diferentes ocasiones se recombinaron para crear una forma de vestir poco convencional pero única.


Este espíritu ecléctico se hace evidente en la colección de ropa masculina: gabardinas largas combinadas con pantalones de pijama y sandalias, mientras que chaquetas de traje y corbatas se llevan con pantalones cortos. La ropa formal ya no necesita mantener un estilo uniforme y rígido de pies a cabeza. Los bóxers de seda asoman por la cintura y se combinan con camisas de cuadros, vaqueros y otras prendas. Trajes, ropa informal y piezas inspiradas en pijamas se entrelazan, aportando a la ropa un aire más relajado y desenfadado.



Las gorras de béisbol con la inscripción "Villain Teen" son otro de los elementos más destacados de esta temporada. Esta frase, que parece un juego de palabras, evoca el nombre de Valentino y añade un toque de rebeldía juvenil a los cortes más formales. Las gorras de béisbol, que deberían ser una prenda básica del estilo urbano, se integran en el vestuario de Valentino, repleto de joyas, satén, encaje y trajes, creando un interesante contraste.

En cuanto a los accesorios, los clásicos remaches Rockstud de Valentino siguen presentes, pero esta temporada se presentan de forma más sutil. Pequeños remaches adornan zapatillas, bolsos y otros accesorios, integrándose en el conjunto como detalles en lugar de cubrir la pieza por completo. Comparado con los colores brillantes, las plumas y los pliegues tridimensionales de las prendas, el Rockstud ya no es el elemento visual más llamativo, pero conserva el sello distintivo de la marca, aportando una textura refinada y singular al look.











