Tras la presentación de ‘Capítulo I: Desequilibrio’ a principios de año, Álvaro Calafat vuelve a la 080 Barcelona Fashion con un segundo capítulo titulado ‘Recuerdo’. Una colección que nace de la necesidad de profundizar en las experiencias de su pasado, tanto buenas como malas, que son las que le han convertido en quien es hoy en día. Asimismo, invita al espectador a reflexionar sobre sus propias vivencias: “Yo enseño mi museo de los recuerdos para que vosotros os replanteéis el vuestro”.
Tonos fríos como el azul dan color a los 25 looks de la colección, creando así una zona de confort sólida en la que Álvaro se basa para construir sobre ella su paleta cromática. Aun así, el diseñador ha arriesgado combinando estos colores con otros como el naranja, que no había utilizado anteriormente. Además, ha apostado por otros materiales más allá de la sarga, su tejido fetiche, entre los que encontramos el satén, la cuerda, la porcelana, la madera y las impresiones en 3D.
Cada diseño representa un recuerdo que el malagueño ha materializado a través de las emociones que sintió al vivir esas experiencias, convirtiéndolo así ‘Recuerdo’ en un proyecto cercano y personal con el que el público puede empatizar. Y es que, para el diseñador, la moda es su psicólogo, ya que a través de estos proyectos consigue aprender sobre sí mismo y desarrollarse como persona. Pero siempre mantiene sus colecciones en la intersección entre lo artístico y lo comercial. “A mí me pueden servir los conceptos para desarrollar la colección y hacer un discurso mucho más bonito, pero al final la gente se fija en si la ropa es bonita o fea, y en si tiene un buen fit”, nos explica.
Un claro ejemplo de cómo Álvaro ha logrado aunar belleza y emoción es el choker en forma de mano, impreso en 3D pero con acabados que imitan la porcelana. Esta pieza representa la angustia y la ansiedad que sintió a los trece años cuando, por primera vez, le agredieron físicamente en el colegio. También ha querido transmitir el sentimiento de tristeza a través de un look protagonizado por un vestido de macramé con pinchos de látigo en las puntas de los bajos, representando así la toxicidad de no permitirse estar triste. “He aprendido que la gente necesita llorar y que sería muy tóxico no permitirte hacerlo”.





































