Photography GREG SWALES
Styling ANNA CASTAN
La comprensión llegó con una claridad sorprendente: esto es lo que quiero hacer. Décadas después, la actriz, ahora de 51 años, aún recuerda ese momento vívidamente. Y aún hoy observa a la gente. A las mujeres en la peluquería de su madre, en restaurantes, en el set de rodaje, en todas partes. Lo que comenzó como un juego infantil nunca terminó realmente. Se convirtió en una carrera. Porque, para ella, fingir nunca fue una vía de escape. Era una forma de comprender a la gente. Esta curiosidad ha guiado a Penélope Cruz a lo largo de su vida. La ha llevado de clases de baile en España a sets de rodaje por todo el mundo, hasta Los Ángeles, donde llegó en 1994 apenas hablando inglés.A principios de los años 2000, estaba en todos lados, a menudo protagonizando cuatro o cinco películas al año. Su ascenso tenía el aire de una historia del viejo Hollywood: la recién llegada enigmática, con una presencia innegable y la capacidad de sostenerse junto a estrellas como Tom Cruise en “Vanilla Sky” o Matt Damon en “All the Pretty Horses”, sin quedar nunca opacada. Sin embargo, todavía tiene un sueño pendiente: trabajar con la legendaria Meryl Streep. Cruz es “una combinación de cosas que no se pueden definir”, dice Maggie Gyllenhaal, directora de “¡La Novia!”, quien conoce a la actriz desde hace veinte años. “Es tan poderosa, tan vulnerable, pero también fuerte. Tiene una cualidad salvaje e irracional”.


















