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Guía para despertarse por las mañanas

No sé si lo sabes pero ahí fuera hay un día precioso esperándote.
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No sé si lo sabes pero ahí fuera hay un día precioso esperándote. Es precioso solo por el simple hecho de haber amanecido. Es precioso porque él si cuenta contigo. Despertarse por las mañanas sigue siendo el mejor regalo que podemos hacernos. Acaba de sonar el despertador y te preguntas por qué. Porque hoy también tienes una historia que escribir. Que compartir. Que vivir. Por ejemplo. Abrirás los ojos por dentro. Apagarás el despertador por inercia. Lo pusiste diez minutos antes para darte esta tregua nada más empezar cuando lo que deberías empezar es a desperezarte. A meterte en la ducha. A cantar tu canción favorita. A preparar tu primer café del día. A mirar por la ventana. A escoger tu vestido favorito. Y tus zapatos. A decirte que hoy, como cada día, va a ser tu día. Pero alguien llama a la puerta. O mejor, a tu cuerpo y a tu mente. Se sabe la dirección de memoria. Siempre acierta. Y antes de que tú abras, ya se ha colado. Se llama dysania. ¿Te suena? La mayoría la padecemos, sobre todo después de unos días de descanso en los que el único despertador que sonaba era el cuerpo cuando decía que ya no quería dormir más. La dysania es capaz de retenernos entre nuestras sábanas incluso cuando sabemos que ya deberíamos estar saliendo de casa. No es una enfermedad. Es la dificultad para levantarnos por las mañanas y se manifiesta como un conjunto de síntomas como la irritabilidad o el mal humor constante. Es también, la culpable de que hayas olvidado de que hay otra forma de tener buenos días. En realidad, solo necesitas hacer ocho cosas.   Respirar De forma lenta, profunda y consciente. Tómatelo en serio. Envía oxígeno a tu cerebro para que él también vaya despertando a tu ritmo. Mientras dormimos, no controlamos la respiración y es el cerebro el responsable de hacerlo, aunque con una intensidad menor. Es lógico, estamos en reposo. Pero ahora que todo está por empezar, necesitas oxigenar las células, los órganos y la sangre. Cuando respires, concéntrate solo en eso.   Bebe agua Sentirse deshidratada puede ralentizar los primeros minutos del día. Tu cuerpo lleva horas sin comer ni beber nada así que tu próximo destino no es otro que la cocina. Toma un vaso de agua y si quieres algo con más energía, añade un limón. Tranquila, el café viene después.   Y se hizo la luz De camino a la cocina, acuérdate de ir subiendo las persianas. Hay un regalo que cada día se deja envolver por la mirada. Es la luz natural. Además de iluminar el último rincón de la ciudad, también brilla más que cualquier síntoma de pereza que puedas arrastrar por dentro. Dicen los expertos que un rayo puede estimular la secreción de cortisol. Ponte el despertador antes y sube las persianas. Después, puedes volver una cama unos minutos más pero no para seguir dormida. Solo para que tu despertar sea más gradual. Deja que se haga la luz.   Escucha tu cuerpo Habla con él. Entiende sus señales. Lo que necesita. Lo que te reclama. Habéis estado muchas horas sin deciros nada. Es posible que quiera actividad física. Entonces, cálzate unas deportivas y sal a la calle. No hace falta correr. Un paseo cuando las calles están por estrenar es una de las sensaciones más reconfortantes que existe. También puedes hacer unos estiramientos en tu casa.   Desayuna lo que te apetece Si lo que te pide es comer, entonces no digas no a un desayuno completo y energético. Lo será siempre que incluya piezas de fruta u otros productos como pan sin gluten, alguna bebida vegetal, un zumo, una pieza de fruta o algunas semillas de un cereal. Descubre el ritual de preparar todos los alimentos, de saborear sin prisas cada bocado, de compartirlo con alguien. ¿Qué tal has dormido? Las primeras palabras del día son las más importantes. En realidad, no hay ningún estudio que así lo demuestre pero lo que sí sabemos, es que, por lo menos, son las que recordaremos nada más salir de casa o al llegar a trabajo. Por eso, no está de más preguntar qué tal ha dormido o si ha soñado algo. Preguntas sencillas que nada tienen que ver con el estrés de la oficina. No olvides esas dos palabras que mejor decir mirando a los ojos. Que hacen que te despiertes. Que pueden con todos. No dejes nunca un te quiero para luego.   Sigue apagada o sin cobertura Ya tendrás tiempo de mirar el móvil, de responder los mensajes, de hacer esas llamadas o darte una vuelta por las redes sociales. Pero ahora no. No es el momento. Ahora eres tú. No te lleves el teléfono al baño o a la cocina. Déjalo lejos. Puede esperar. Tampoco es recomendable que duerma contigo en tu mesita de noche, porque podría transmitir ondas electromagnéticas que afectan a tu descanso.   No pienses Lo harás después. No dejarás de utilizar el cerebro. Pero también te mereces no pensar tanto nada más empezar el día. Mejor siente. Siente que tienes mucha suerte porque vuelves a empezar. O porque hoy puedes continuar lo que ayer dejaste a media. Siente que hoy podría ser que sí. Que hoy se podría cumplir eso que tanto has soñado y si no, siente que por lo menos vas a intentarlo. Siéntete a ti con ganas. Siente que cada día, es un billete de (v)ida.

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