Elegancia, feminidad y magnificencia, la colección de otoño/invierno genera un diálogo que juega con el volumen como leitmotiv. Desde trajes hasta vestidos rectos mini; las mangas abullonadas, volantes, capas y moños grandes acentúan puntualmente las distintas siluetas, cuya estructura definida, a través de telas pesadas, nos recuerdan a la Alta Costura española de los años 50, la cual adquiere una dimensión moderna con la sensualidad de los diseños de Gordon. Remarcando las líneas del cuerpo femenino, la piel se descubre a través de asimetría, cortes sutiles y escotes pronunciados en contraste con cuellos altos y capas.
Desde pantalones rectos hasta vestidos satinados con faldas amplias de mucha caída y trenes que se arrastran por el piso, la arquitectura sartorial recorre las múltiples facetas del vestir femenino, planteando un minimalismo que empieza a coquetear con lo ostentoso y se termina por rendir majestuosamente ante el encanto del maximalismo. Lentejuelas, flecos, joyería dorada que atraviesa los diseños en forma de cruz, hilos metalizados o un abrigo repleto de pompones de tul que cubre todo el cuerpo; elementos como estos sobresalen en una pasarela que concluye con destellos extravagantes llenos de abundancia.