Costó y mucho, que los diseñadores de primera línea miraran con buenos ojos la idea de vestir con sus exquisitas prendas a la actual Primera Dama. Melania no entró en la Casa Blanca –ni en la opinión pública- con buen pie, sí lo hizo pagando los platos rotos de su Donald Trump, pero si a día de hoy hay algo que no podemos negarle a la mujer en la sombra del presidente es, sin duda, su estilo clásico al vestir.
Puede que, incluso, la historia haya cambiado tanto que ahora todas queramos ser Melania. Al menos, tener su vestidor. Y prueba de ello es el lookazo que se ha marcado en la última aparición pública: un dos piezas en blanco galáctico y un sombrero, a modo de broche de oro, que se ha ganado la simpatía de todas las críticas (o casi todas), aunque para una visita de Estado (francés) haya podido quedar un poco excesivo.










