Babe Paley, el cisne favorito de truman Capote no solo le dio sentido al concepto de socialite, también lo convirtió en un estilo de vida. Y qué vida. Te la descubrimos.
Si vestirte para ocasiones especiales te pone nerviosa, trata de imaginar cómo debían sentirse aquellas mujeres que lo hacían cada día. Las que vivieron en ese tiempo y esas ciudades en las que lo que llevaban era un símbolo de estatus y los códigos de vestimenta eran tan estrictos como las barreras que existían entre las clases sociales. Babe Paley era de las que no podía permitirse tener un mal día, la habían educado para ello. El estilo formaba parte de su ADN tanto como el convencimiento de que la procesión no debía dejar de ir por dentro bajo ninguna circunstancia. Por eso, probablemente, es imposible encontrar una mala fotografía suya.
Barbara Cushing nació en Boston en el verano de 1915, pero fue en Nueva York donde vivió la mayor parte de su vida. Trabajó como editora de Vogue desde el 38 hasta que contrajo matrimonio en segundas nupcias con William S. Paley, fundador de la CBS, nueve años más tarde. A pesar de que el antisemitismo era el pan de cada día, el matrimonio se convirtió en parte imprescindible de la alta sociedad de la Gran Manzana.
Paley no solo fue uno de los cisnes de Truman Capote, era el cisne por excelencia. El escritor describió así a su favorita: “Mrs P. solo tenía un defecto: era perfecta. Por lo demás, era perfecta”. Digamos que cuando Babe entraba en una habitación, los que estaban allí presentes solo podían contemplarla. Era alta, delgada y tenía el rostro y el cuello alargados, como los que copaban las revistas de moda en aquella época. Convertía el gesto de llevar ropa en una manifestación artística. La llevaba con gracia. Claro que la calidad de las prendas que escogía también ayudaba: a veces se hacía con colecciones enteras de costura de Givenchy o Charles James. Valentino también se convirtió en uno de sus diseñadores de cabecera a partir de los años 60. El grupo conocido como Ladies Who Lunch hizo de ella su modelo a seguir, aunque ya se sabe: no a todas les gustaba reconocerlo. El momento en el que se hizo más evidente fue cuando . Fue de las primeras en mostrar sus canas con orgullo y muchas se animaron a seguir su ejemplo. También lo hicieron cuando Babe colgó un pañuelo de su bolso de mano, o cuando se puso por primera vez un traje. Esos gestos y su facilidad para combinar prendas le granjearon el segundo puesto en la lista de mejor vestidas que la revista elaboró en 1941, en la que solo fue superada por Wallis Simpson.








