La naturalidad acelerada de nuestro tiempo con frecuencia nos ciega de espacios contemplativos. En un contexto inundado por ruido, las obras de Gabriel O’Shea se presentan como un refugio para la introspección. Sus piezas–que cobran vida en forma de pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones y videos–nos permiten enfrentarnos con nuestros pensamientos y emociones más difíciles de digerir. Borrando las lineas que dividen lo figurativo de lo abstracto y de lo conceptual, se materializan ansiedades con una franqueza que las vuelve confortantes: la certeza de ser acompañados en nuestra condición humana. Su naturaleza multidisciplinaria le ha permitido a O’Shea utilizar cada medio como una catálisis de conversación, incitando dudas y reflexiones en cada espectador.

Arraigado al arte desde niño, Gabriel comenzó a tomar fotografías a los 13 años, inspirado por el término foto poesía que Octavio Paz utilizó para describir las fotografías de Manuel Álvarez Bravo. Desde entonces, y con tan solo 23 años, ha creado un cuerpo de obra vasto y diverso. En el 2021, se convirtió en el artista más joven representado por la Galería Hilario Galguera. Al preguntarle cómo empezó su interés por el arte, expresa que desde pequeño estuvo cerca de la música al igual que de la fotografía o el dibujo, «Desde que tengo memoria ese interés ha estado presente. Años después decidí no alejarme de lo que tanto amaba. Aunque siendo realistas, siempre he sentido que es algo natural en mí, no podría estar alejado del arte», expresa Gabriel.
Este acercamiento al arte se concentró de una manera distinta cuando en el año 2018 asistió a la Academia de Arte de Barcelona para estudiar dibujo académico, donde aprendió las técnicas y reglas que grandes maestros han utilizado a través de los siglos. Sin embargo, una curiosidad incesante y necesidad de crear llevaron a Gabriel a alejarse de lo académico para buscar un estilo propio. «Mi “formación” se la debo a los libros, películas, pinturas y fotografías, entre otros medios que me llevaron a conocer más sobre lo que me interesa del arte. Considero que me encuentro en una formación continua», explica O’Shea. «El contexto en el que vivo impacta a mi obra diariamente. La búsqueda por nuevas ideas parte desde mi entorno y las dudas que se me presentan gracias a él. Constantemente rescato objetos que encuentro interesantes en las calles cerca de mi estudio, me gusta poderles dar nueva vida integrándolos a mis piezas».


Situadas en un contexto complejo, las obras de Gabriel expresan reflexiones y críticas que resumen inquietudes de la contemporaneidad. Su inspiración, nos dice, la encuentra en todas partes. «La inspiración puede llegar de una película, de un poema, de una duda, al igual que de algún trozo de madera que encuentre en la calle», expresa Gabriel haciendo un recorrido mental, «Siempre trato de escribir todas mis ideas para nuevas obras y así poder organizar mi trabajo semanal a partir de esas notas». Una pequeña libreta que lo acompaña a todos lados se ha convertido en su más grande confidente.
Con una evolución tan grande en relativamente poco tiempo, la interdisciplinariedad se volvió una constante. «Cada pieza parte de un pensamiento inicial que puede irse transformando, y así, lo que empezó como una pintura podría acabar siendo una instalación de video. Me encanta sumergirme en la historia de los distintos formatos, aprender de cada uno de ellos y decidir cuál es más conveniente para la idea que tengo en mente. Los últimos dos años he estado cambiando de una práctica a otra», expresa Gabriel.


Al preguntar si hay algo en específico que espera transmitir con sus obras, explica que actualmente le fascina la idea de poder plantear dudas a través de sus piezas. «El último año me he enfocado bastante en conectar mis obras a referencias religiosas o mitológicas, y a partir de eso encontrarles una conexión con la época en la que vivimos. Temas como la decadencia, la falta de espiritualidad, la violencia, los restos y el paso del tiempo han sido muy interesantes para mí y espero lograr una concentración de ello en mis obras», dice O’Shea.


Existe una complejidad en definir lo que es ser artista hoy en día. Reflexionando en lo que significa serlo, Gabriel habla de la diversidad de perspectivas. «Pienso que cada artista puede tener una visión y una práctica muy distinta, es parte de lo que me encanta de esta época, podemos encontrarnos con piezas que nos remitan a sueños, a la vez que podemos encontrar piezas con discursos filosóficos o críticos que nos conmuevan», nos explica. «Existe la división entre objetos meramente decorativos y el arte. El arte es un trabajo que requiere de tremendo conocimiento, no es fruto de locura o de un “don” como he escuchado alguna vez. El arte nos ayuda a re-significar la vida y así, no estancarnos en una prisión con solo una idea o forma de ver».
La búsqueda constante de evolución en Gabriel O’Shea se volvió evidente, y con ella una última pregunta: ¿de qué manera espera que su trabajo trascienda en un futuro? «Hace poco leí que nuestro eterno afán por trascender podría existir gracias a nuestro miedo a morir y desaparecer sin dejar rastro», expresa Gabriel. «Comparto la idea. Más que trascender, espero que mis piezas sean un conjunto de reflexión, crítica y estética. Un espejo que pueda hacer un cambio o confrontación en quien las ve».












